Un
puñado de muchachos.
No es el caso que recordemos la inauguración del ferrocarril en
Rosario. La presidencia de Roca. Para la historia sucinta, breve,
inconclusa, de un club deportivo, no interesa posiblemente.
Pero lo importante es señalar que a raíz de ello llegaron en la
segunda mitad del siglo pasado a nuestro país numerosos súbditos
británicos para ejercer distintas funciones.
Desde Londres fueron comisionados altos empleados que venían a
dirigir. También eran ingleses gran cantidad de obreros ferroviarios.
Entre esos "jonhis" muchos había de edad madura.
Otros eran jóvenes. Y no faltaban, como es lógico suponer, los
pibes.
Nos cuentan que los inglesitos, que en su patria ya se divertían
pateando la pelota, empezaron aquí, en los "güecos",
cercanos a los talleres, a darles puntapiés a la redonda. Ese puñado
de pebetes empezó a hacer ejercicios con una pelota de goma que
quedaba frente a la parada Castellanos.
Eran los muchachos de don Tomás S. Hopper – William y Henry – y
F. Mc. Leen, Michel Green, F. Barton, E. Camp, J. Mac Intire, Sthephen
Simps, entre otros.
Fueron ellos quienes iniciaron la ruta de la entidad que habría de
surgir oficialmente. Durante un tiempo jugaron partidos amistosos bajo
la denominación de Talleres, hasta que
SE
FUNDA EL CENTRAL ARGENTINE RAILWAY ATLETIC CLUB.
Era
el mes de diciembre. Corrían los días agonizantes del año 1889. Caía
la tarde. Un grupo de obreros y empleados del F.C. Buenos Aires y
Rosario acababan de llegar, terminadas sus ocupaciones, a un viejo café
de la Avenida Alberdi, donde años más tarde habría de levantarse el
edificio del Colegio de los Talleres.
Entre ellos se hallaban, Colin Calder, Tomás S. Hoper, R.C.
Chamberlain, Miguel Green, W. Mulhall, N. Cooper, Simps, Maybe,
Wilkinson, Lamb, Hollis, Muskett y algún otro que la memoria se niega
a precisar.
Esa tarde el círculo se había hecho más estrecho. Todos ponían
atención en las palabras de Calder, que en tono al parecer
convincente, poniendo calor en su expresión, exponía vaya a saber qué
argumentos.
¿De qué conversaban aquellos ingleses que no podían ni siquiera
presumir los criollos de las mesas cercanas?
Cuando ya entrada la noche los contertulios se alejaron del lugar, se
adivinaba en ellos como una promesa de una reunión no lejana.
Al día siguiente, en el mismo local, quedaba fundada una entidad
deportiva para la práctica de un sport que por entonces sólo se había
jugado en forma esporádica, alguna tarde que después de la tarea
diaria se habían reunido en el descampado para practicar cricket.
T. Mutton propuso el nombre de la institución. Se llamaría Central
Argentine Railway Atletic Club.
Fue primer presidente mister Colin Bolin Calder y secretario mister C.
Chamberlain.
Había cristalizado, pues una noble intención. Central Argentine
Railway Atletic Club daría cabida a todos trabajadores del F.C.
Rosario y Buenos Aires que desearan hacer deporte.
Cuando la empresa cedió un terreno para que ahí se diseñara el
campo de juego, se iniciaron de inmediato las prácticas de cricket y
muy poco después las de fútbol.
Los primeros colores de la flamante institución fueron blanco y rojo,
más tarde casaca blanca y azul repartidos en cuadros grandes y,
posteriormente, la auriazul, en franjas verticales.
En la primera época
La primera época estuvo erizada de dificultados. Se jugaba por el
deporte mismo. El juego de los "cuatro ingleses locos" se
practicaba, realmente, por pura diversión.
Esos obreros entusiastas después de pasar muchas horas del día
entregados a la tarea que a cada cual correspondía en los talleres
del ferrocarril, junto a hierros y maquinarias, necesitaban, fuera del
trabajo, buscar motivos de distracción.
Es que existía, por lo demás, verdadero amor por el deporte. Los
hijos de la Albión habían sabido predica con el ejemplo las bondades
que aporta el cultivo del músculo mediante el ejercicio físico, ya
fuera este bajo el aspecto del cricket o del fútbol.
El ferrocarril aportó bien pronto un terreno para que se hiciera el
campo de deportes.
Aquellas tardes del viejo barrio Talleres hallaba a los
"pioneers" del gran fútbol de ahora, entregados a la práctica
de un sport que, con el correr de los años, habría de alcanzar
enorme arraigo y popularidad.
Pero si bien es cierto que el campo de juego, contando con la
colaboración de la empresa, significaba un aporte considerable, no
salvaba ello todas las necesidades del momento. Había que comprar los
implementos necesarios para la práctica del fútbol, que no eran
pocos, representaba un gasto apreciable, si se tiene en cuenta la
carencia de un número calificado de contribuyentes y lo elevado de
esos artículos importados que más de una vez habrían de causar la
risa de los empleados aduaneros.
Un episodio pintoresco
Danny Green nos decía en cierta ocasión que hallándose un día
jugando fútbol en un descampado que daba sobre la hoy Avenida
Alberdi, en las inmediaciones del portón número dos, de un shot fue
a parar la pelota al medio de la calle en circunstancias en que
acertaba a pasar un coche de plaza o victoria, guiado por un aúriga
de pocas pulgas.
El hombre descendió del pescante, tomó el esférico y partió con él
entre el asombro y el descontento de la muchachada que reclamaba a
gritos su devolución.
- Para nosotros la pelota tenía un gran valor, que seguramente no sabía
apreciar el cochero de marras. Fuimos detrás de él hasta el centro
de la ciudad. Y no nos costó poco convencerlo de que se trataba de un
juego sin molestias para nadie y menos motivo de burla, como
posiblemente fuera su interpretación.
Cuando nuestros equipos actuando en campeonatos oficiales fueron
ganando popularidad, en las canchas donde jugábamos solíamos hallar
al buen hombre que a la postre resultó ser nuestro mejor
"hincha"
SE
DENOMINA ROSARIO CENTRAL
El
primitivo nombre de Central Argentine Railway Atletic Club, subsistió
hasta principios de siglo. Cuando en el año 1903 se produjo la fusión
de los ferrocarriles Buenos Aires y Central Argentino, se realizó una
asamblea entre los asociados rosarinos y personal ferroviario que se
trasladara desde Campana a esta ciudad.
Fue un acto en el cual se trató de buscar la fórmula que conciliara
las preferencias de las dos tendencias. Y fue así que tras algunas
deliberaciones se adoptó una denominación mixta, dándose el nombre de
C.A. Rosario Central, aprobándose una moción de don Miguel Green.
Si bien es cierto que desde tiempo antes la práctica del fútbol
constituía ya la preferencia de los asociados de la floreciente
entidad, puede decirse que a partir de entonces tomó mayor arraigo y
popularidad el juego.
Los partidos amistosos prosiguieron a partir de entonces sin solución
de continuidad y fue formando Rosario Central en sus filas a elementos
que poco después habrían de brindarle legítima satisfacción.
Cuando los institutos que propulsaban el juego de la redonda entre
nosotros resolvieron constituir una institución central que los
cobijara y organizara campeonatos, el club auriazul habría de ser uno
de los más decididos organizadores.
EN
LA FUNDACIÓN DE LA LIGA ROSARINA.
El
club Rosario Central, un activo propulsor del fútbol desde fines del
siglo pasado, no podía estar ausente en el acto de fundación de una
entidad que diera vida oficial al juego de la redonda.
Y así, con la colaboración decidida de los dirigentes del floreciente
instituto auriazul, surgió la Liga Rosarina de Fútbol, el 30 de marzo
de 1905.
Es memorable aquella reunión en donde se echaron las bases para la
fundación de la Liga, llevada a cabo en el hotel Britania, que a la sazón
estaba situado en la calle Urquiza a la altura del 1200.
Fue primer tesorero de la Liga Rosarina de Fútbol don Miguel Green,
representante del Club A. Rosario Central.
EL PRIMER EQUIPO OFICIAL
Cuando ese mismo año se inició el campeonato de segunda división, por
la copa Intendente Santiago Pinasco, Rosario Central estuvo representado
por un conjunto de entusiastas elementos en su casi totalidad británicos.
En ese plantel prestaron su valioso concurso dos figuras cuyo apellido
habría de abarcar, hasta el presente, toda la vida oficial de la
entidad: Juan Díaz y Zenón Díaz.
Veamos la formación del eleven en aquellas jornadas precursoras: A.
Norris; A. Faggiani y H. Grant; J. Díaz, A. Ellison y H. Boan; W.
Whartley, A. Vázquez, P. Hearnett, S. Hooper y Percy Jones.
Rosario Central disputó su primer match con quien habría de ser su más
calificado oponente en todos los tiempos –Newell´s Old Boys- el 21 de
junio, exactamente un mes después de haber dado comienzo el certamen.
Dirigió la lucha don Ricardo W.O. Le Bas.
El encuentro se llevó a cabo en el field de Plaza Jewell, finalizando
con el triunfo rojinegro por un gol a cero, señalado por Faustino González.
Recién volvieron a enfrentarse los mismos rivales en un cotejo revancha
el 13 de agosto en la cancha de Rosario Central.
Este lance que finalizó empatado en dos goles por bando tuvo un
desarrollo accidentado, ya que se produjeron incidentes y tumultos entre
los players y los espectadores
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